¿alguien me presta un hoja de su cuaderno?

si existieran las cartas te escribiría una, aunque esta afirmación me parece estúpida desde todo punto de vista, finalmente, creo que dejaron de existir… en lo material de la misma, las direcciones se atomizaron ya nadie las recuerda, el estar a un mensaje de distancia nos ha hecho desarrollar un alto grado de desínteres por los detalles, en ciertas vetas de nuestra vía vida… poca gente tiene un cuaderno personal, la mayoría tiene celular… lo manuscrito ha perdido sangre camino aquí, las pantallas, las luces, las teclas lo han hecho más, más ¿qué? si por mayor acceso a la posibilidad de escribir, publicar, no hace que escribamos mayor cantidad de palabras, no extendimos nuestro lenguaje en pos de una mayor belleza, en pos de llegar más cerca con lo que queremos decir, hemos agregado botones de me gusta a nuestra opinión porque no sabríamos como decir o que decir que nos gusta, ya que implica un mayor compromiso con la cosa, todas estas oraciones que trato de escribir no tienen inmediatez, no llegan prácticamente a ningún sitio… persiguen un fin, pero no con un tiempo determinado, veloz quien necesita serlo, mi cuerpo dicta otras cosas… hoy nos encontramos con menos texturas, el papel no es ajeno al cambio, ¿cuál fue la última vez que sentiste el olor a papel? ¿y su textura? no es nostalgia, es la brusquedad de la soledad relacionada con lo que nos comparte Pier Paolo… una mezcla incesante de barcos de papel tirados al vacío, la inmaterialidad de la cosa, el poco vinculo que tengo con mucha gente, amores, amantes que he delirado en el camino, enero me hace extrañarlas, algunas con la volatilidad que tuvieron de momento y no puedo prometer lo que no sé darte; otra viene volviendo, me hace crujir, me da ganas de dejar atrás la estrella, esa a la que juego ser… pero ella parece desencantada de la vida y quiere huir, he tirado flechitas de campo en su dirección, y alguna que otra parte sensible que podía ofrecer, de a ratos pienso que esta en otra, como nos solía pasar y esta bien, la última vez que quiso dormir conmigo muy ataviado de mí, no hice nada por ella, tal vez nunca pensé que esto se perdería, estiro lo rígido del alma como lo elástico de nuestra cintura, hasta que no haga ruido,  no quiero darme cuenta de la fatiga y allí se va… tal vez ya se fue y por aquí la sigo soñando, en estos soliloquios de enero, ataviados de soledad que me dan espacio a pensar, a sentir algunas cuestiones que la vorágine me hace olvidar… tal vez escriba esto, por el miedo que tengo de escribir esa carta de las que ya no existen, y que no conteste, que finalmente haya viajado, o si quiero ser benévolo con mi ser diría que este es el paso previo a escribirle, esperando que se termine enero y se disipen los fantasmas del año que no me deja cortar la cola y tantas trabas le ha a estos pies para tropezar conmigo mismo más de una vez en menos de mes…

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