de momentos raros se compone el calor, el agua escurre, da lugar a más por venir… de uno a seis días se tomó el año para dejar una marca, que los ejes ya sonaran no le eran suficiente, fue por más y ahí ese árbol no hizo más que desprender una pera que violentamente cayo de cabeza, salpicando a nuestro alrededor… y el no se dio cuenta, como se va a dar cuenta, hay veces que la profesión, tu profesión, la propia te impide ver, tan obnubilado por la tribuna, la cámara lo seguía y no supo hacer nada más de lo que le estaba asignado… no logro ver el sangrado real, a la vista, a primer golpe de vista, no indago más aunque fuera su especialidad, estaba fuera de plano, cumpliendo otro rol en la vigilia paga, la que da de comer en la expectancia de los grandes títulos y honores que elevan a otro espacio posible. Del pedestal a más, amansa voluntades virulentas, jóvenes almas en el derrotero de lo que debe ser, o simplemente es porque no les queda otra. La “vida” en este paradigma de mundo se propone como eso, el dinero compra libertad, apresa voluntades, subyuga almas, mata el vuelo más rapaz, la lógica dominante se esparce y llega a la vía vida, a lo importante, a nuestras zonas sensibles esas que unas veces más y otras menos entran en la espiral del paradigma, perdiendo a pedazos lo poco que pudimos construir, frente a esa grieta que marca mi pecho, esa en la que la mirada arquea los ojos y la frente se arruga un poco al mostrar… esa misma que no pudo ver el cardiólogo en guardia, lo entiendo, de a ratos me olvido de verla… pero igual cocemos, remendamos, emparchamos para seguir, no hacemos otra cosa que perseguir las flechas que enviamos hacia el frente… brindo porque el arquero siga en buena forma y no se olvide que necesitamos algún resabio de las plumas a seguir…
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